Bernabé fue una figura destacada en los primeros tiempos del cristianismo, conocido por su dedicación y compromiso con la expansión del mensaje de Cristo. A continuación, te presento una biografía detallada basada en los antecedentes disponibles:
Orígenes y Nombre
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Nacimiento: Bernabé nació en la isla de Chipre, siendo un judío de la tribu de Leví134.
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Nombre Original: Su nombre original era José, pero los apóstoles le cambiaron el nombre a Bernabé, que significa "hijo de la exhortación" o "el esforzado"134.
Rol en la Iglesia Primitiva
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Primeros Seguidores: Fue uno de los primeros seguidores de Jesús y un miembro prominente de la iglesia primitiva en Jerusalén56.
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Generosidad: Se destaca por su generosidad al vender sus propiedades y entregar el dinero a los apóstoles para distribuirlo entre los pobres (Hechos 4:36-37)347.
Colaboración con Pablo
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Presentación de Pablo: Después de la conversión de Pablo, Bernabé jugó un papel crucial al presentarlo ante los apóstoles en Jerusalén, asegurando su aceptación por parte de la comunidad cristiana (Hechos 9:27)235.
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Viajes Misioneros: Juntos, Pablo y Bernabé realizaron varios viajes misioneros, estableciendo comunidades cristianas y predicando el evangelio en lugares como Antioquía, Chipre, y Asia Menor126.
Fundación de la Iglesia de Antioquía
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Liderazgo: Bernabé fue enviado a Antioquía para guiar a los neófitos y, debido al éxito de su misión, pidió la ayuda de Pablo. En Antioquía, los seguidores de Jesús comenzaron a ser llamados "cristianos" por primera vez13.
Legado y Muerte
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Separación de Pablo: Después de un desacuerdo sobre si debían llevar a Juan Marcos en un viaje misionero, Bernabé y Pablo se separaron. Bernabé continuó su ministerio con Juan Marcos, mientras que Pablo viajó con Silas12.
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Muerte: Se cree que Bernabé murió alrededor del año 60 o 61 d.C., posiblemente apedreado hasta la muerte en Salamina, Chipre12.
Consideración como Apóstol
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Aunque no fue uno de los Doce Apóstoles elegidos por Jesús, Bernabé es considerado apóstol por los primeros Padres de la Iglesia debido a su misión especial y su activa labor apostólica134.
FUENTES:
- https://www.aciprensa.com/recurso/3248/san-bernabe-apostol
- https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bernabe.htm
- https://es.wikipedia.org/wiki/Bernab%C3%A9_ap%C3%B3stol
- https://www.corazones.org/santos/bernabe.htm
- https://radioestrelladelmar.org/vida-catolica/san-bernabe-apostol/
- https://es.catholic.net/op/articulos/31789/bernab-santo.html
- https://www.ewtn.com/es/catolicismo/santos/bernabe-14792
- https://sanctoral.com/es/santoral/san_bernabe.html
EPÍSTOLA
DE BERNABE
Saludo
I
1.
Salud
en la paz, hijos e hijas, en el nombre del Señor que nos ha amado.
Motivo
y objeto de la carta
2.
Como sean tan grandes y ricas las justificaciones de Dios para con
vosotros, yo me regocijo, sobre toda otra cosa y por todo extremo, en
vuestros Bienaventurados y gloriosos espíritus, pues de Él habéis
recibido la semilla plantada en vuestras almas, el don de la gracia
espiritual.
3.
Por lo cual, aun me congratulo más a mi mismo con la esperanza de
salvarme, pues verdaderamente contemplo entre vosotros cómo el
Señor, que es rico en caridad, ha derramado su Espíritu sobre
vosotros. Hasta tal punto me conmovió, estando entre vosotros,
vuestra vista tan anhelada.
4.
Como quiera, pues, que estoy convencido y siento íntimamente que,
habiéndoos muchas veces dirigido mi palabra, sé que anduvo conmigo
el Señor en el camino de la justicia, y me veo también yo de todo
punto forzado a amaros más que a mi propia vida, pues gran. de es la
fe y la caridad que habita en vosotros por la esperanza de su
vida; 5. considerando, digo, que de tomarme yo algún cuidado
sobre vosotros para comunicaros alguna parte de lo mismo que yo he
recibido, no ha de faltarme la recompensa por el servicio prestado a
espiritus como los vuestros, me he apresurado a escribiros
brevemente, a fin de que, juntamente con vuestra fe, tengáis
perfecto conocimiento.
Síntesis
de la vida cristiana
6.
Ahora bien, tres son los decretos del Señor: la esperanza de la
vida, que es principio y fin de nuestra fe, y la justicia, que es
principio y fin del juicio; el amor de la alegría y regocijo, que
son el testimonio de las obras de la justicia. 7. En efecto,
el Dueño, por medio de sus profetas, nos dió a conocer lo pasado y
lo presente y nos anticipó las primicias del goce de lo por venir. Y
pues vemos que una tras otra se cumplen las cosas como Él las dijo,
deber nuestro es adelantar, con más generoso y levantado espíritu,
en su temor. 8. Por lo que a mí toca, no como un maestro,
sino como Uno de entre vosotros, quiero poner a vuestra consideración
unos pocos puntos, por los que os alegraréis en la presente
situación.
Tiempos
difíciles. Contra los sacrificios judíos
II
1.
Como
quiera, pues, que los días son malos y el poder está en manos del
Activo mismo, deber nuestro es, atendiendo a nosotros mismos,
inquirir las justificaciones del Señor.
2.
Ahora bien, auxiliares de nuestra fe son el temor y la paciencia, y
aliados nuestros la largueza de alma y la continencia.
3.
Como estas virtudes estén firmes en todo lo atañedero al Señor
santamente, regocíjanse con ellas la sabiduría, la inteligencia, la
ciencia y el conocimiento.
4.
En efecto, el Señor, por medio de todos sus profetas, nos ha
manifestado que no tiene necesidad ni de sacrificios ni de
holocaustos ni de ofrendas, diciendo en una ocasión:
5.
¿Qué se me da a mi de la muchedumbre de vuestros
sacrificios?—dice el Señor—. Harto estoy de vuestros
holocaustos y no quiero el sebo de vuestros corderos ni la sangre de
los toros y machos cabríos, ni aun cuando vengáis a ser vistos de
mí. Porque ¿quién requirió todo eso de vuestras manos? No quiero
que volváis a pisar mi atrio. Si me trajereis la flor de la harina,
es cosa vana; vuestro incienso es para mí abominación; vuestros
novilunios y vuestros sábados no los soporto.
La
ofrenda cristiana no hecha por mano de hombre
6.
Ahora bien, todo eso lo invalidó el Señor, a fin de que la
nueva ley de nuestro Señor Jesucristo, que no está sometida al yugo
de la necesidad, tenga una ofrenda no hecha por mano de hombre. 7.
Y así dice de nuevo a ellos: ¿Acaso fui yo quien mandé a
vuestros padres, cuando salían de la tierra de Egipto, que me
ofrecieran holocaustos y sacrificios? 8. ¿0 no fué más bien
esto lo que les mandé, a saber: que ninguno de vosotros guarde en su
corazón rencor contra su hermano y que no amarais el falso
juramento?
9.
Debemos, por tanto, comprender, no cayendo en la insensatez, la
sentencia de la bondad de nuestro Padre, porque con nosotros habla,
no queriendo que nosotros, andando extraviados al modo de aquéllos,
busquemos todavía cómo acercarnos a Él. 10. Ahora bien, a
nos otros nos dice de esta manera: Sacrificio para Dios es un
corazón contrito; olor de suavidad al Señor, un corazón que
glorifica al que le ha plasmado.
Debemos,
por ende, hermanos, andar con toda diligencia en lo que atañe a
nuestra salvación, no sea que el maligno, logrando infiltrársenos
por el error, nos arroje, como la piedra de una honda, lejos de
nuestra vida.
El
ayuno acepto a Dios
III
1.
Díceles,
pues, otra vez acerca de estas cosas:
¿Para
qué me ayunáis, de modo que hoy sólo se oyen los gritos de vuestra
voz? No es éste el ayuno que yo me escogí—dice el Señor—no al
hombre que humilló su alma. 2.
Ni
aun cuando dobléis como un aro vuestro cuello y vistáis de saco y
os acostéis sobre ceniza, ni aun así lo llaméis ayuno aceptable.
3.
A nosotros, empero, nos dice: He aquí el ayuno que me elegí—dice
el Señor—: No al hombre que humilla su alma, sino: Desata toda
atadura de iniquidad, rompe las cuerdas de los contratos violentos,
despacha a los oprimidos en libertad y rasga toda escritura inicua.
Rompe tu pan con los hambrientos y, si vieres a un desnudo, vístelo;
recoge en tu casa a los sin techo; si vieres a un humilde, no le
desprecies, ni te apartes de los de tu propia sangre. 4. Entonces tu
luz romperá matinal, y tus vestidos resplandecerán rápidamente, y
la justicia caminará delante de ti, y la gloria de Dios te cubrirá.
5. Entonces gritarás y Dios te escuchará; cuando aun estés
hablando, dirá: Heme aquí presente, a condición que quites de ti
la atadura y la mano levantada y la palabra de murmuración y des de
corazón tu pan al hambriento y hayas lástima del alma humillada.
6.
En conclusión, hermanos, mirando anticipadamente el Señor
longánime que el pueblo que preparó en su Amado había de creer
con sencillez, anticipadamente nos lo manifestó todo, a fin de que
no vayamos como prosélitos a estrellarnos en la ley de aquéllos.
Huyamos
de toda maldad, porque se acerca el fin de los tiempos
IV
1.
Así,
pues, es preciso que, escudriñando muy despacio lo presente,
inquiramos las cosas que pueden salvarnos. Huyamos, por ende, de modo
absoluto de todas las obras dc la iniquidad, a fin de que jamás las
obras de la iniquidad se apoderen de nosotros y aborrezcamos el
extravío del tiempo presente, a fin de ser amados en el por venir.
2.
No demos suelta a nuestra propia alma, de suerte que tenga poder para
correr juntamente con los pecadores y los malvados, no sea que nos
asemejemos a ellos. 3.
El escándalo consumado está cerca, aquel del que está escrito,
como dice Henoch; pues el Dueño abrevió los tiempos y los días, a
fin
de
que se apresure su Amado y venga a su heredad. 4.
Además, el profeta dice así: Diez
reinos reinarán sobre la tierra y tras ellos se levantará un rey
pequeño que humillará de un golpe a tres reyes. 5. Igualmente,
Daniel dice sobre lo mismo: Y vi
la cuarta bestia, mala y fuerte, y más fiera que todas las otras
bestias de la tierra, y cómo de ella brotaban diez cuernos y de
ellos un cuerno pequeño, como un retoño, y cómo éste humilló de
un golpe a tres de los cuernos mayores. 6.
Ahora bien, obligación nuestra es comprender.
La
alianza es nuestra
Además,
os ruego una cosa, como uno de vosotros que soy y que particularmente
os amo a todos más que a mi propia alma, y es que atendáis ahora a
vosotros mismos y no os asemejéis a ciertas gentes, amontonando
pecados a pecados, gentes que andan diciendo que la Alianza es de
aquéllos y nuestra. Nuestra, ciertamente; pero aquéllos la
perdieron en absoluto del modo que diré, después de haberla ya
recibido Moisés. 7. Dice, en efecto, la Escritura: Y
estaba Moisés en el monte, ayunando por espacio de cuarenta dias y
de cuarenta noches, y recibió la Alianza de parte del Señor, las
tablas de piedra, escritas por el dedo de la mano del Señor. 8.
Mas, como ellos se volvieron a los ídolos, la destruyeron. Dice, en
efecto, el Señor de esta manera: Moisés, Moisés, baja a toda
prisa, pues ha prevaricado tu pueblo, los que sacaste de la tierra de
Egipto. Y Moisés lo entendió y arrojó de sus manos las dos
tablas e hízose pedazos la Alianza de ellos, a fin de que la de su
Amado, Jesús, quedara sellada en nuestro corazón en la esperanza de
su fe.
9.
Muchas cosas quería escribiros, no como maestro, sino como dice con
quien gusta no faltar en lo que tenemos; de ahí que me apresuré a
escribiros, aun siendo escoria vuestra. Por lo tanto, atendamos a los
últimos días, pues de nada nos servirá todo el tiempo de nuestra
fe, si ahora, en el tiempo inicuo y en los escándalos que están por
venir, no resistimos como conviene a hijos de Dios, a fin de que el
Negro no se nos infiltre.
10.
Huyamos de toda vanidad; odiemos absolutamente las obras del mal
camino. No viváis solitarios, replegados en vosotros mismos, como si
ya estuvierais justificados, sino, reuniéndoos en un mismo lugar,
inquirid juntos lo que a todos en común conviene.
11.
Porque dice la Escritura: ¡Ay de los prudentes para si mismos
y de los sabios ante sí mismos. Hagámonos espirituales,
hagámonos templo perfecto para Dios. En cuanto esté en nuestra
mano, meditemos el temor de Dios y luchemos por guardar sus
mandamientos, a fin de regocijarnos en sus justificaciones.
12.
El Señor juzgará al mundo sin acepción de personas: Cada
uno recibirá conforme obró. Si el hombre fué bueno, su justicia
marchará delante de él; si fuere malvado, la paga de su maldad irá
también delante de él. 13. Recordémoslo, no sea que,
echándonos a descansar como llamados, nos durmamos en nuestros
pecados, y el príncipe malo, tomando poder sobre nosotros, nos
empuje lejos del reino del Señor.
14.
Además, hermanos mios, considerad este punto: cuando estáis
viendo que, después de tantos signos y prodigios sucedidos en medio
de Israel y que, sin embargo, han sido de este modo abandonados,
andemos alerta, no sea que, como está escrito, nos encontremos
muchos llamados y pocos escogidos.
La
Gracia de la Redención
V
1.
Porque
el Señor soportó entregar su carne a la destrucción, a fin de que
fuéramos nosotros purificados por la remisión de nuestros pecados,
lo que se nos concede por la aspersión de su sangre. 2.
Acerca de esto, efectivamente, está escrito, parte que se refiere a
Israel, parte a nosotros, y dice así: Fué
herido por nuestras iniquidades y debilitado por nuestros pecados:
Con su llaga fuimos nosotros sanados. Fué conducido como oveja al
matadero y como cordero estuvo mudo delante del que le trasquila.
3.
Por tanto, tenemos deber de dar sobremanera gracias al Señor, porque
nos dió a conocer lo pasado, nos instruyó acerca de lo presente y
no estamos sin inteligencia para lo por venir. 4. Y así dice
la Escritura: No se tienden injustamente las redes a los
volátiles. Lo cual quiere decir que con razón se perderá el
hombre que, teniendo conocimiento del camino de la justicia, se
precipita a si mismo por el camino de las tinieblas.
Por
qué sufre el Señor en su carne
5.
Consideremos, otrosí, este punto, hermanos míos: Si es cierto que
el Señor se dignó padecer por nuestra alma, siendo como es Señor
de todo el universo, a quien dijo Dios desde la constitución del
mundo: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra, ¿cómo,
digo, se dignó padecer bajo la mano de los hombres? Aprendedlo. 6.
Los profetas, teniendo como tenían de Él la gracia, con miras a Él
profetizaron. Ahora bien, Él, para destruir la muerte y mostrar la
resurrección, toda vez que tenía que manifestarse en carne, 7.
sufrió primero para cumplir la promesa a los padres, y luego, a par
que se preparaba Él mismo para si un pueblo nuevo, para demostrar,
estando sobre la tierra, que después de hacer Él mismo la
resurrección, juzgará. 8. Por fin, predicó, enseñando a
Israel y haciendo tan grandes prodigios y señales, con lo que le
mostró su excesivo amor. 9. Y cuando se escogió a sus
propios Apóstoles, los que habían de predicar su Evangelio, hombres
ellos injustos respecto a la ley sobre todo pecado—a fin de mostrar
que no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores—,
entonces fue cuando puso de manifiesto que era Hijo de Dios. 10.
Porque de no haber venido en carne, tampoco hubieran los hombres
podido salvarse mirándole a Él. como quiera que mirando al sol, que
al cabo está destinado a no ser, como obra que es de sus manos, no
son capaces de fijar los ojos en sus rayos. 11. En conclusión,
el Hijo de Dios vino en carne a fin de que llegara a su colmo la
consumación de los pecados de quienes persiguieron de muerte a sus
profetas. 12. Luego para ese fin sufrió. Dice Dios, en
efecto, que la llaga de su carne procede de ellos: Cuando hirieren
a su propio pastor, entonces perecerán las ovejas del rebaño.
13.
Ahora bien, Él mismo fué quien quiso así padecer, pues era preciso
que sufriera sobre el madero. Dice, en efecto, el que profetiza
acerca de Él: Perdona a mi alma de la espada. Y: Traspasa
con un clavo mis carnes, porque las juntas de malvados se levantaron
contra mi.
14.
Y otra vez dice: He aquí que puse mi espalda para los azotes
y mis mejillas para las bofetadas; pero mi rostro lo puse como una
dura roca.
Preludios
de la Pasión del Señor
VI
1.
Ahora bien, ¿qué dice cuando hubo cumplido el mandamiento? ¿Quién
es el que me juzga? Póngase frente a mí. ¿Quién es el que se
justifica en mi presencia? Acérquese al siervo del Señor.
2.
¡Ay de vosotros, porque todos habéis de envejecer como un vestido y
la polilla os consumirá. Y otra vez dice el profeta, una vez que
fue puesto Jesús como roca fuerte para despedazamiento: Mira que
voy a echar en los cimientos de Sión una piedra de mucho valor,
escogida, angular, preciosa. 3. ¿Qué dice después? Y
el que esperare en ella, vivirá para siempre. Luego ¿nuestra
esperanza estriba sobre una piedra? De ninguna manera. Lo que
significa es que el Señor puso su carne en fortaleza. Pues dice: Y
púsome como una roca dura.
4.
Pero dice de nuevo el profeta: La piedra que desecharon los
constructores vino a ser cabeza de ángulo. Y otra vez dice: Este
es el día grande y maravilloso que hizo el Señor.
5.
Os escribo con demasiada sencillez, a fin de que entendáis, yo,
que soy sólo barredura de vuestra caridad. 6. ¿Qué sigue,
pues, diciendo el profeta? Me rodeó la junta de los malvados;
cercáronme como abejas al panal. Y: Sobre mi vestidura
echaron suerte.
7.
Como quiera, pues, que había el Señor de manifestarse y sufrir en
la carne, fué de antemano mostrada su pasión. Dice, en efecto, el
profeta contra Israel: ¡Ay del alma de ellos, pues han tramado
designio malo contra si mismos! Atemos al justo, porque nos es
molesto.
Nuestra
renovación íntima, fruto de la Pasión del Señor
8.
¿Qué les dice el otro profeta, Moisés?
He
aquí lo que dice el Señor Dios: Entrad en la tierra buena, que el
Señor juró dar a Abraham, Isaac y Jacob, y poseedla en herencia,
tierra que mana leche y miel.
9.
¿Qué dice el conocimiento? Aprendedlo: "Esperad —dice—en
Jesús, que ha de manifestárseos en carne. El hombre, en efecto, no
es sino un pedazo de tierra que sufre, pues de la haz de la tierra
fue plasmado Adán. 10. Ahora bien, ¿qué quiere decir lo de
tierra que mana leche y miel? Bendecido sea el Señor nuestro,
hermanos, por haber puesto en nosotros sabiduría e inteligencia de
sus secretos. El profeta, en efecto, nos pone una parábola del
Señor. ¿Quién lo entenderá, sino el sabio e inteligente y que ama
a su Señor? 11. Ahora bien, ello significa que, habiéndonos
renovado por el perdón de nuestros pecados, hizo de nosotros una
forma nueva, hasta el punto de tener un alma de niños, como que de
veras nos ha plasmado Él de nuevo.
12.
Y, en efecto, la Escritura dice de nosotros lo mismo que Dios dijo a
su Hijo: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra, y tenga
imperio sobre las bestias de la tierra y sobre las aves del cielo y
sobre los peces del mar. Y dijo después de contemplada la
hermosa figura nuestra: Creced y multiplicaos y henchid la tierra.
Todo eso a su Hijo.
13.
Mas también te demostraré cómo nos lo dice a nosotros. La
segunda creación la cumplió en los últimos tiempos, pues dice el
Señor: He aquí que hago lo último como lo primero. Luego en
relación con esto predicó el profeta: Entrad en la tierra que
mana leche y miel y enseñorearos de ella.
14.
Síguese, por tanto, que nosotros somos los plasmados de nuevo, al
modo como, a su vez, lo dice en otro profeta: Mira—dice el
Señor—que voy a quitar de éstos, es decir, de aquellos que
antevió el Espíritu del Señor, los corazones de piedra y les
meteré dentro corazones de carne. Y es que Él había de
manifestarse en carne y habitar en nosotros.
15.
Y, en efecto, hermanos míos, templo santo es para el Señor la
morada de nuestro corazón. 16. Porque dice otra vez el Señor:
¿Y en qué seré visto por el Señor mi Dios y seré glorificado?
Dice: Te confesaré en la reunión de mis hermanos y te
cantaré himnos en medio de la congregacion de los santos. Luego
nosotros somos los que introdujo en la tierra buena.
17.
Pues ¿qué quiere decir la leche y la miel? Es que el niño se
cría primero con miel y luego con leche; consiguientemente, de esta
manera también nosotros, criados con la fe de la promesa y con la
palabra divina, viviremos señoreando la tierra. 18. Ya lo
dijo más arriba: Y crezcan y multipliquense y manden sobre los
peces. Ahora bien, ¿quién es ahora capaz de mandar sobre la
tierra o sobre los peces o sobre las aves del cielo? Porque debemos
darnos cuenta que mandar es asunto de potestad. que implica dominar
con imperio. 19. Ahora bien, si es cierto que ahora no se
cumple eso, luego a nosotros se nos ha dicho cuándo se cumplirá:
cuando también nosotros alcancemos punto tal de perfección que
vengamos a ser herederos de la Alianza del Señor.
El
Macho cabrío emisario, símbolo de la Pasión del Señor
VII
1.
Asi, pues, considerad, hijos de la alegría, cómo el Señor bueno
nos lo ha manifestado todo de antemano, para que sepamos a quién
debernos alabar con acciones de gracia por todo. 2.
Ahora bien, si el Hijo de Dios, Señor que es y que
ha de juzgar a los vivos y a los muertos, padeció
para que su herida nos vivificara a nosotros, creamos que el Hijo de
Dios no podía sufrir sino por causa nuestra. 3.
Es más, clavado ya en la cruz, fué
abrevado con vinagre y hiel. Escuchad
cómo de antemano mostraron este pormenor los sacerdotes del templo.
Como está escrito el precepto: El
que no ayunare el ayuno, sea exterminado con muerte; la
razón de mandarlo el Señor fué porque Él había de ofrecer en
sacrificio por nuestros pecados el vaso del Espíritu y cumplir a la
par la figura de Isaac ofrecido sobre el altar. 4.
Ahora bien, ¿qué dice en el profeta? Y
coman del macho cabrío ofrecido durante el ayuno por todos los
pecados.
Atended
cuidadosamente: Y coman los sacerdotes solos y todos el intestino
sin lavar con vinagre. 5. ¿Con qué fin? "Pues vosotros
sois los que me habéis de abrevar un día con hiel mezclado de
vinagre, a mi, que he de ofrecer mi carne por los pecados de mi
pueblo nuevo; comed vosotros solos, mientras el pueblo ayuna y se
golpea el pecho en saco y ceniza." Para demostrar que Él había
de sufrir mucho de parte de ellos.
6.
Atended a lo que mandó: Tomad dos machos cabrios, hermosos e
iguales, y ofrecedlos en sacrificio, y tome al uno el sacerdote en
holocausto. 7. ¿Y qué harán del otro? Maldito—dice la
Escritura—es el otro. Atended cómo se manifiesta aquí la
figura de Jesús: 8. Y escupidle todos y pinchadle y poned
en torno a su cabeza la lana purpúrea y de este modo sea arrojado al
desierto. Y cumplido esto, el que lleva el macho cabrío lo
conduce al desierto, le quita la lana y la coloca sobre un arbusto
llamado zarza, cuyos frutos solemos comer cuando los hallamos en el
campo. De ahí resulta que sólo los frutos de la zarza son dulces.
9.
Ahora bien, ¿qué quiere decir todo esto? Atended: El uno
puesto sobre el altar y el otro maldecido. Y justamente el
maldecido es el coronado; es que entonces, en aquel día, le verán
llevando el manto de púrpura sobre su carne y dirán: "¿No es
éste a quien nosotros un día crucificamos, después que le hubimos
menospreciado, atravesado y escupido? Verdaderamente, éste era el
que entonces decía ser el Hijo de Dios. 10. Porque ¿cómo
semejante a aquél? Para esto dijo ser los machos cabrios
semejantes, hermosos, iguales, para que, cuando le vean venir
entonces, se espanten de la semejanza del macho cabrio. En
conclusión, ahí tienes al macho cabrio, figura de Jesús, que tenía
que sufrir.
11.
¿Y por qué motivo pone la lana en medio de las espinas? He ahí
otra figura de Jesús puesta para la Iglesia; porque el que quiere
coger la lana purpúrea, no tiene otro remedio que sufrir mucho por
lo terrible que son las espinas, y tras la tribulación apoderarse de
ella. "Así—dice el Señor—, los que quisieren verme y
alcanzar mi reino, han de pasar por tribulaciones y sufrimientos
antes de apoderarse de mí."
La
novilla roja y su simbolismo
VIII
1.
¿Y qué figura pensáis representa el que se mande a Israel ofrecer
a los hombres que tienen peeados consumados una novilla y, después
de sacrificada, quemarla completamente y tomar entonces los siervos
la ceniza y depositarla en unos vasos, y poner sobre un madero la
lana purpúrea y el hisopo (ahí tienes otra vez la figura de la cruz
y la lana purpúrea), y de esta manera rocían los siervos uno por
uno a todo el pueblo, a fin de purificarse de sus pecados? 2.
Considerad cómo en sencillez nos lo dice a nosotros: El novillo es
Jesús; los hombres pecadores que lo ofrecen son los que le
condujeron a la muerte; después ya no son hombres, ya no es la
gloria de los pecadores. 3.
Los
siervos que rocían son los que nos trajeron la buena noticia del
perdón de nuestros pecados y la purificación del corazón;
aquéllos, digo, a quienes dió el Señor el poder del Evangelio, los
cuales eran doce para testimonio de las tribus (pues doce son las
tribus de Israel), para pregonarlo. 4.
Mas ¿por qué motivo son tres los siervos que rocían? Para
atestiguar que Abraham, Isaac y Jacob son grandes delante de Dios. 5.
¿Y
qué significa que la lana se ponga sobre el madero? Que el reino de
Jesús está sobre el madero y que los que esperen en Él vivirán
para siempre. 6.
Mas ¿por qué se ponen juntos la lana y el hisopo? Porque en su
reino habrá días malos y sucios, en que nosotros nos salvaremos,
pues el que padece en su carne se cura por el jugo del hisopo. 7.
Y por eso, las cosas así practicadas resultan claras para nosotros;
para aquellos, en cambio, siguen oscuras por no haber oído la voz
del Señor.
La
verdadera circuncisión: la de los oídos y la del corazón
IX
1.
En efecto, dice otra vez sobre los oídos, cómo circuncidó nuestro
corazón. Dice el Señor en el profeta: En
oído de oreja me obedecieron. Y
otra vez dice: Con
oído oirán los que están lejos, y conocerán lo que yo hice. Y:
Circuncidad—dice
el
Señor—vuestros
corazones. 2.
Y otra vez dice: Escucha,
Israel, porque esto dice el Señor Dios tuyo. Y
de nuevo el Espíritu del Señor profetiza: ¿Quién
es el que quiere vivir para siempre? Con oído oiga la voz de mi
siervo. 3.
Y otra vez dice: Escucha,
cielo, y tú, tierra, presta oídos, porque el Señor ha hablado esto
para testimonio. Y
dice de nuevo: Oíd
la voz del Señor, príncipes de este pueblo. Y
dice otra vez: Escuchad,
liijos, la voz que grita en el desierto.
4.
En conclusión, circuncidó nuestros oídos, a fin de que, oída
la palabra, creamos nosotros. Por lo demás, la misma circuncisión,
en que ponen su confianza, está anulada; porque el Señor habló de
que se practicara una circuncisión, pero no de la carne. Mas ellos
transgredieron su mandamiento, pues un ángel malo los engañó. 5.
Díceles a ellos: Esto dice el Señor Dios nuestro (aquí
hallo yo el mandamiento): No sembréis sobre las espinas;
circuncidaos para vuestro Señor. ¿Y qué quiere decir:
Circuncidad la dureza de vuestro corazón y no endurezcáis vuestro
cuello? Toma ahora, otrosí: He aquí—dice el Señor—que
todas las naciones son incircuncisas de prepucio; mas este pueblo
es incircunciso de corazón.
6.
Pero diréis: Es que el pueblo se circuncida para sello. Mas
también—te contestaré—se circuncidan los sirios y los árabes y
todos los sacerdotes de los ídolos; finalmente, también los
egipcios usan la circuncision.
7.
Así, pues, hijos del amor, aprended Copiosamente acerca de todo
esto: Abraham, que fué el primero en practicar la circuncisión,
circuncidó a los de su casa mirando anticipadamente en espíritu
hacia Jesús, tomando los símbolos de tres letras. 8. Dice,
en efecto, la Escritura: Y circuncidó Abraham de su casa a
trescientos dieciocho hombres. Ahora bien, ¿cuál es el
conocimiento que le fué dado? Atended que pone primero los dieciocho
y, hecha una pausa, los trescientos. El dieciocho se compone de la I,
que vale diez, y la H, que representa ocho. Ahí tienes el nombre de
IHSOUS. Mas como la cruz había de tener la gracia en la figura de la
T, dice también los trescientos. Consiguientemente, en las dos
primeras letras significa a Jesús, y en otra, la cruz. 9.
Sábelo Aquel que pone en nosotros la dádiva ingénita de su
enseñanza: Nadie aprendió de mí más genuina palabra; pero yo sé
que vosotros sois dignos de ello.
Los
animales impuros y su simbolismo
X
1.
Y
lo que Moisés dijo: No
comeréis cerdo ni águila, ni gavilán ni cuervo, ni pez alguno que
no tenga escamas, no
es sino que tomó tres símbolos en inteligencia. 2.
Por lo demás, díceles en el Deuteronomio: Y
estableceré con este pueblo mío justificaciones. Luego
no está el mandamiento del Señor en no comer, sino que Moisés
habló en espíritu.
3.
Ahora bien, el cerdo lo dijo por lo siguiente: "No te
juntarás—dice—-con hombres tales que son semejantes a los
cerdos; es decir, que cuando lo pasan prósperamente, se olvidan del
Señor, y cuando se ven necesitados, reconocen al Señor, al modo que
el cerdo, cuando come, no sabe de su señor; mas cuando tiene hambre,
gruñe y, una vez que toma su comida, vuelve a callar.
4.
Tampoco comerás el águila, ni el gavilán, ni el milano, ni el
cuervo. No te juntarás—dice—ni te asemejarás a hombres
tales, que no saben produrarse el alimento por medio del trabajo y
del sudor, sino que arrebatan en su iniquidad lo ajeno, y acechan
como si anduvieran en sencillez, y miran por todas partes a quién
despojar por medio de su avaricia, al modo que estas aves son las
únicas que no se procuran a si mismas su alimento, sino que, posadas
ociosamente, buscan la manera de devorar las carnes ajenas, siendo
perniciosas por su maldad.
5.
Y no comerás—dice—la morena ni el pólipo ni la sepia. No
te asemejarás—díce, juntándote con ellos, a hombres tales, que
son impíos hasta el cabo y están ya condenados a muerte, al modo
que estos peces, que son los únicos maldecidos, se revuelcan en el
fondo del mar y no nadan como los otros, sino que habitan en la
tierra del fondo.
6.
Mas tampoco comerás liebre. ¿Por qué? No serás corruptor ni
te asemejarás a los tales. Porque la liebre multiplica cada año su
ano, pues cuantos años vive, tantos agujeros tiene.
7.
Mas tampoco comerás la hiena. No serás—dice— adúltero ni
corruptor, ni te asemejarás a los tales: ¿Por qué? Porque este
animal cambia cada año de sexo y una vez se convierte en macho y
otra en hembra.
8.
Mas también tuvo razón de abominar de la ardilla. No
serás—dice—tal cuales oímos que son los que cometen, por la
impureza, iniquidad en su boca, ni te unirás con las mujeres impuras
que cometen la iniquidad en su boca. Porque este animal concibe por
la boca.
9.
En conclusión, tomando Moisés tres símbolos so bre los ahimentos,
así habló en espiritu mas ellos lo entendieron, conforme al deseo
de la carne, como si se tratara de la comida. 10. De esos tres
mismos símbolos toma también David conocimiento, y dice igualmente:
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de impíos,
al modo como peces nadan entre tinieblas en las profundidades del
mar; y en el camino de los pecadores no se detuvo, al
modo de algunos que aparentan temer al Señor y pecan como el cerdo,
y sobre silla de Pestilencia no sesentó, al modo de las aves
apostatadas para la rapiña. Ahí tenéis perfectamente lo que atañe
a la comida.
11.
Dice otra vez Moisés: Comerás todo animal de pezuña partida y
que rurnia. ¿Qué quiere decir? El que toma el alimento, conoce
al que le alimenta y, refocilando en él, parece alegrarse.
Bellamente lo dijo con miras al mandamiento. ¿Qué es, pues, lo que
dice? Juntaos con los que temen al Señor, con los que meditan en su
corazón el precepto de la palabra que recibieron, con los que hablan
y observan las justificaciones del Señor, con los que saben que la
meditación es obra de alegría y rumian la palabra del Señor.
¿Y
qué significa la pezuña partida? Que el justo camina en este mundo
y juntamente espera el siglo santo. Mirad cuán hermosamente legisló
Moisés. 12. Mas ¿de dónde pudiera venirles a aquéllos
entender y comprender estas cosas? Mas nosotros, entendiendo, como es
justo, los mandamientos, hablamos tal como quiso el Señor; pues para
que esto entendamos, circuncidó nuestros oídos y corazones.
Los
simbolos del bautizmo y la cruz
XI
1.
Mas inquiramos si tuvo el Señor interés en manifestarnos
anticipadamente algo acerca del agua y de la cruz. Ahora bien, acerca
del agua se dice contra Israel cómo no habían de aceptar el
bautismo, que trae la remisión de los pecados, sino que se
construirían otros lavatorios para sí mismos. 2.
Dice, en efecto, el profeta: Pásmate,
oh cielo, y ericese aún más sobre esto la tierra: Dos males ha
hecho mi pueblo: A mi me abandonaron, fuente de vida, y para sí se
cavaron pozo de muerte. 3.
¿Acaso
es una roca desierta mi monte santo de Sinaí? Porque seréis como
los polluelos de un ave, que se echan a volar cuando se les quita el
nido.
4.
Y otra vez dice el profeta: Yo mandaré delante dc ti, y allanaré
las montañas, y haré pedazos las puertas de bronce y añicos los
cerrojos de hierro, y te daré tesoros sombríos, escondidos,
invisibles, para que sepas que yo soy el Señor. Y: Habitará
en la cueva elevada de la peña fuerte. 5. Y: El agua suya,
fiel; veréis al rey con gloria y vuestra alma meditará el temor del
Señor. 6. Y de nuevo dice en otro profeta: El que esto
hiciere, será como árbol plantado a par de la corriente de las
aguas, que dará su fruto a debido tiempo, y su hoja no caerá, y
todo cuanto hiciere prosperará. 7. No así los impíos, no así,
sino como el tamo, que esparce el viento de sobre la haz de la
tierra. Por lo cual, no se levantarán los impíos en el juicio, ni
los pecadores en el consejo de los justos; porque el Señor conoce el
camino de los justos y perecerá el camino de los impíos.
8.
Daos cuenta cómo definió en uno el agua y la cruz. Pues lo que dice
es esto: Bienaventurados quienes, habiendo puesto su confianza en la
cruz, bajaron al agua; porque su recompensa dice que será en el
tiempo debido. Entonces—dice—daré la paga. Lo que luego añade
sobre que las hojas no caerán significa que toda palabra que
saliere de vuestra boca en fe y caridad, será para conversión y
esperanza de muchos.
9.
Además, otro profeta dice: Y era la tierra de Israel
celebrada sobre toda otra tierra. Lo que quiere decir: El
Señor glorifica el vaso de su Espíritu. 10. ¿Qué dice
seguidamente? Y el río fluía por la derecha y brotaban de él
hermosos árboles; y quien comiere de ellos vivirá para siempre. 11.
Esto quiere decir que nosotros bajamos al agua rebosando pecados y
suciedad, y subimos llevando fruto en nuestro corazón, es decir, con
el temor y la esperanza de Jesús en nuestro espíritu. Y el que
comiere de ellos, vivirá para siempre, quiere decir: quien
escuchare, cuando se le hablan estas cosas, y las creyere, vivirá
eternamente.
Los
símbolos o figuras de la cruz
XII
1.
De nuevo igualmente define acerca de la cruz en otro profeta, que
dice: ¿Y
cuándo se cumplirán estas cosas? Dice el Señor: Cuando el madero
se incline y se levante y cuando del madero destilare sangre. Ahí
tienes otra vez cómo se habla de la cruz y del que había de ser
crucificado.
2.
Otra vez habla también en Moisés, en ocasión en que Israel era
combatido por los extranjeros; y para recordarles que eran derrotados
porque a causa de sus pecados habían sido entregados a la muerte, el
Espíritu inspira en el corazón de Moisés que fabricara una
figura de la cruz y del que había de sufrir en ella; pues si no
confiaren—dice—en Él, serán derrotados para siempre. Coloca,
pues, Moisés arma sobre arma en medio del campamento y, poniéndose
más alto que todos los demás, extendía sus brazos. Y de esta
manera vencía de nuevo Israel. Luego, cuando los bajaba, otra vez
eran pasados a cuchillo. 3. ¿Para qué fin? Para que
conocieran que no podían salvarse, si no confiaban en Él. 4.
Y otra vez dice en otro profeta: Todo el día extendí mis
manos a un pueblo incrédulo y que contradice mi camino justo.
5.
Y otra vez, en ocasión que Israel también caía, fabrica Moisés
una figura de Jesús, figura de cómo Él tenía que padecer, y Él,
otrosí, vivificar, cuando ellos creían que había perecido en el
signo. En efecto, el Señor hizo que les mordieran toda clase de
serpientes, y morían de sus mordeduras; serpientes, justamente, pues
la transgresión en Eva se debió a la serpiente, para convencerlos
de que por su transgresión serían entregados a tribulación de
muerte. 6. En resolución, Moisés, que había establecido por
mandamiento: No tendréis imagen esculpida ni fundida para Dios
vuestro, la fabrica él mismo para mostrar una figura de Jesús.
Así, pues, manda hacer Moisés una serpiente de bronce y la levanta
gloriosamente y, a voz de pregón, convoca al pueblo.
7.
Reunidos que estuvieron, suplicaban a Moisés que ofreciera oraciones
por la curación de ellos. Y Moisés les respondió: Cuando alguno
de vosotros—dice-—fuere mordido, venga a la serpiente colocada
sobre el madero y confíe con viva fe que ella, aun siendo muerta,
puede darle la vida y al punto quedará sano." Ahí tienes
otra vez, en estos nuevos símbolos, la gloria de Jesús, pues todo
está en Él y todo es para Él.
Josué,
David e Isaías, testigos de Jesús
8.
¿Qué dice, además, Moisés a Josué (o Jesús), hijo de Navé,
profeta que era, después de ponerle este nombre, con el solo fin de
que el pueblo oyera que el Padre lo pone todo patente acerca de su
Hijo Jesús? 9. Dicele, pues, Moisés a Josué, hijo de Navé,
después de ponerle este nombre, cuando lo mandó como explorador de
la tierra: Toma un libro en tus manos y escribe lo que dice el
Señor, a saber: que el Hijo de Dios arrancará de raíz, en los
últimos días, a toda la casa de Arnalec.
10.
He aquí otra vez a Jesús, no como hijo del hombre, sino como
hijo de Dios, si bien manifestado por figura en la carne. Como
quiera, pues, que habían de decir que Cristo es hijo de David, el
mismo David, temiéndose y comprendiendo el extravío de los
pecadores, profetiza y dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate
a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.
11. Y a su vez, Isaías dice de esta manera: Dijo el Señor a
mi Ungido Señor, a quien yo tomé de la diestra, para que delante de
Él obedezcan las naciones, y romperé la fuerza de los reyes. Mira
cómo David le llama Señor y no le llama hijo.
El
pueblo cristiano, menor y segundogénito, heredero del Testamento
XIII
1.
Mas veamos si es este pueblo o es el primero el que hereda, o si el
Testamento nos pertenece a nosotros o a ellos. 2.
Escuchad, pues, lo que sobre el pueblo cuenta la Escritura: Rogaba
Isaac por Rebeca, su mujer, pues era estéril, y concibió. Luego:
Salió
Rebeca a consultar al Señor, y díjole el Señor: Dos naciones hay
en tu vientre y dos pueblos en tu seno, y un pueblo sobre pujará a
otro pueblo y el mayor servirá al menor. 3.
Debéis pcrcataros de quién es Isaac y quién Rebeca y por quiénes
da a entender la Escritura que este pueblo es mayor que aquél.
4.
Y más claramente todavía habla Jacob en otra profecía a José,
diciéndole: He aquí que no me defraudó el Señor de tu vista;
tráeme acá tus hijos para bendecirlos. 5. Y llevó José a
Efraín y Manasés, queriendo que fuera bendecido Manasés, pues era
el mayor; y, en efecto, José le puso a la derecha de su padre Jacob.
Mas Jacob vió en espíritu la figura dcl pueblo por venir. ¿Y qué
dice la Escritura? Y mudó Jacob de sitio sus manos y puso su
derecha sobre la cabeza de Efraín, el segundo y más joven, y le
bendijo, y dijo José a Jacob: Cambia tu diestra sobre la cabeza de
Manasés, pues es mi primogénito. Y respondió Jacob a José:
Lo sé, hijo, lo sé; mas el mayor servirá al menor. Sin embargo,
también estotro será bendecido. 6. Mirad por quién puso que
este pueblo es el primero y el heredero de la Alianza. 7.
Ahora bien, si, sobre lo dicho, también nos lo recordó por medio de
Abraham, no tenemos ya más que pedir en orden al acabamiento y
perfección de nuestro conocimiento. ¿Qué le dice, pues, el Señor
a Abraham cuando, habiendo sido el único en creer, le fué contado a
justicia? Mira que te he puesto a ti, Abraham, por padre de las
naciones que han de creer en Dios por prepucio.
La
nueva alianza por la redención de Jesús
XIV
1.
Muy bien! Mas inquiramos si les dió la Alianza que juró a sus
padres daria al pueblo. Diósela, ciertamente; mas ellos, por sus
pecados, no se hicieron dignos de recibirla. 2.
Dice,
efectivamente, el profeta: Y estuvo
Moisés ayunando en el monte Sinaí durante cuarenta días y cuarenta
noches para recibir la Alianza del Señor. Y recibió Moisés de
parte del Señor las dos tablas escritas por el dedo de la mano del
Señor en espíritu. Y
tomándolas Moisés, estaba para bajárselas al pueblo. 3.
Y dijo el Señor a Moisés: Moisés,
Moisés, baja a toda prisa, pues ha prevaricado tu pueblo, que
sacaste de la tierra de Egipto. Y entendió Moisés que se habia otra
vez fabricado imágenes de fundición y arrojó de sus manos las
tablas, y se hicieron pedazos las tablas del Testamento del Señor.
4.
Moisés, pues, recibió la Alianza; mas ellos no se hicieron dignos.
Ahora bien ¿cómo la recibimos nosotros? Aprendedlo: Moisés la
recibió como siervo que era; mas a nosotros nos la dió el Señor en
persona para hacernos, habiendo sufrido por nosotros, pueblo de su
herencia. 5. Manifestóse, por una parte, para que aquellos
llegasen al colmo de sus pecados, y nosotros, por otra, recibiéramos
la Alianza por medio del Señor Jesús, que la hereda; de Jesús,
digo, que fué aparejado para que, apareciendo Él en persona y
redimido que hubiera de las tinieblas nuestros corazones, consumidos
que estaban por la muerte y entregados al extravío de la iniquidad,
estableciera una Alianza entre nosotros por su palabra.
6.
En efecto, escrito está cómo el Padre le pone mandamiento de que,
redimido que nos hubiere a nosotros de las tinieblas, se prepare para
sí un pueblo santo. 7. Dice, pues, el profeta: Yo, el
Señor Dios tuyo, te llamé en justicia y te tomaré de tu mano y te
fortaleceré; y te di para Alianza de un linaje y por luz de las
naciones, para abrir los ojos de los ciegos y sacar de sus cadenas a
los trabados y de la casa de la custodia a los que se sientan entre
tinieblas. Conozcamos, pues, de dónde fuiiiios rescatados.
8.
Otra vez dice el profeta: Mira que te he puesto por luz de las
naciones, para que tú seas salvación hasta los confines de la
tierra. Así dice el Señor, el Dios que te ha rescatado.
9.
Y de nuevo dice el profeta: El Espíritu del Señor sobre mí,
/ por lo cual me ha ungido, / para llevar a los
humildes la buena noticia de la gracia; / me ha enviado a
sanar a los triturados fe corazón, / a pregonar a los cautivos la
libertad / y a los ciegos la recuperación de la vista, / a proclamar
el año del Señor aceptable, / el día fe la recompensa, / a
consolar a todos los que están tristes.
La
verdadera santificación del sábado
XV
1.
Pasando a otro punto, también acerca del sábado, se escribe en el
decálogo, es decir, en las diez palabras que habló I)ios en el
monte Sinaí a Moises cara a cara: Y
santificad el sábado del Señor con manos limpias y corazón puro.
2.
Y
en
otro lugar dice: Si
mis hijos guardaren el sábado, entonces pondré sobre ellos mi
misericordia. 3.
Del sábado habla al principio de la creación: E
hizo Dios en seis días las obras de sus manos y acabólas en el día
séptimo, y descansó en él y lo santificó.
4.
Atended, hijos, qué quiere decir lo de: Acabólos en seis días.
Esto significa que en seis mil años consumará todas las cosas
el Señor, pues un día es para Él mil años. Lo cual, Él mismo lo
atestigua, diciendo: He aquí que el día del Señor será camo
mil años. Por lo tanto, hijos, en seis días, es decir, en los
seis mil años, se consumarán todas las cosas.
5.
Y descansó en el día séptimo. Esto quiere decir: Cuando
venga su hijo y destruya el siglo del inicuo y juzgue a los impíos y
mudare el sol, la luna y las estrellas, entonces descansará de
verdad en el día séptimo.
6.
Y por contera dice: Lo santificarás con manos limpias y
corazón puro. Ahora, pues, si pensamos que pueda nadie
santificar, sin ser puro de corazón, el día que santificó Dios
mismo, nos equivocamos de todo en todo. 7. consiguientemente,
entonces por nuestro descanso lo santificaremos de verdad, cuando,
justificados nosotros mismos y en posesión ya de la promesa, seremos
capaces de santificarlo; es decir, cuando ya no exista la iniquidad,
sino que nos hayamos vuelto todos nuevos por el Señor, entonces, si,
santificados primero nosotros, podremos santificar el día séptimo.
8.
Por último, les dice: Vuestros novilunios y vuestros sábados no
los aguanto. Mirad cómo dice: No me son aceptos vuestros sábados
dle ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar
todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el
principio de otro mundo. 9. Por eso justamente nosotros
celebramos también el día octavo con regocijo, por ser día en que
Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado,
subió a los cielos.
El
alma del cristiano, verdadero templo de Dios
XVI
1.
Quiero también hablaros acerca del templo, cómo extraviados los
miserables confiaron en el edificio y no en su Dios que los creo,
como si aquél fuera la casa de Dios. 2.
Pues, poco más o menos como los gentiles, le consagraron en el
templo. Mas ¿cómo habla el Señor destruyéndolo? Aprendedlo :
¿Quién
midio el cielo con el palmo y la tierra con el pulgar? ¿No he sido
yo?—dice el Señor? —.
El
cielo es mi trono y la tierra escabel de mis pies: ¿Qué casa es ésa
que me vais a edificar o cuál es el lugar de mi descanso? Luego
ya os dais cuenta de que su esperanza es vana.
3.
Y por remate, otra vez les dice: He aquí que los que han
destruído este templo, ellos mismos lo edificarán. 4. Así está
sucediendo, pues por haberse ellos sublevado, fué derribado el
templo por sus enemigos, y ahora hasta los mismos siervos de sus
enemigos lo van a reconstruir. 5. Además, ya estaba
manifiesto cómo la ciudad, el templo y el pueblo de Israel había de
ser entregado. Dice, en efecto, la Escritura: Y sucederá en los
últimos días, y entregará el Señor las ovejas del rebaño y su
majada y su torre a la destrucción. Y conforme habló el Señor,
así sucedió.
6.
Pues inquiramos si existe un templo de Dios: Existe, ciertamente,
allí donde Él mismo dice que lo ha de hacer y perfeccionar. Está,
efectivamente, escrito: Y será, cumplida la semana, que se
edificará el templo de Dios gloriosamente en el nombre del Señor.
7.
Hallo, pues, que existe un templo. ¿Cómo se edificará en el
nombre del Señor? Aprendedlo. Antes de creer nosotros en Dios, la
morada de nuestro corazón era corruptible y flaca, como templo
verdaderamente edificado a mano, pues estaba llena de idolatría y
era casa de demonios, porque no hacíamos sino cuanto era contrario a
Dios. 8. Mas se edificará en el nombre del Señor. Atended
a que el templo del Señor se edifique gloriosamente. ¿De qué
manera? Aprendedlo. Después de recibido cl perdón de los pecados, y
por nuestra esperanza en el Nombre, fuimos hechos nuevos, creados
otra vez desde el principio. Por lo cual, Dios habita verdaderamente
en nosotros, en la morada de nuestro corazón. 9. ¿De qué
manera? Porque en nosotros mora la palabra de su fe, el llamamiento
de su promesa, la sabiduría dc sus justificaciones, los mandamientos
de su doctrina; profetizando Él mismo en nosotros, morando Él en
persona dentro de nosotros, abriéndonos la puerta del templo, es
decir, nuestra boca; dándonos penitencia, nos introduce a nosotros,
que estábamos esclavizados por la muerte, en el templo
incorruptible. 10. Y es así que quien desea salvarse
no mira a un hombre, sino al que mora y habla dentro de sí,
maravillado de no haber oído jamás antes las palabras de la boca de
quien hablaba y no tener él siquiera deseo de escucharle. Este es
templo espiritual que se edifica para el Señor.
Recapitulación
XVII
1.
En cuanto cabía en lo posible y sencillo manifestároslo, mi alma
confía que por mi deseo nada he omitido de cuanto atañe a vuestra
salvación. 2.
En efecto, si os escribo acerca de lo presente o de lo por venir, me
temo no me entendáis, por ser cosas envueltas en parábolas. Y de
esto basta.
Los
dos caminos
XVIII
1.
Pues pasemos también a otro género de conocimiento y doctrina. Dos
caminos hay de doctrina y de potestad, el camino de la luz y el
camino de las tinieblas. Ahora bien, grande es la diferencia que hay
entre los dos caminos. Porque sobre el uno están apostados los
ángeles de Dios, portadores de luz; sobre el otro, los ángeles de
Satanás. 2.
Y
el uno es Señor desde los siglos y hasta los siglos; el otro es el
príncipe del presente siglo de la iniquidad.
Descripción
del camino
XIX
1.
Ahora bien, el camino de la luz es como sigue: Si alguno quiere andar
su camino hacia el lugar determinado, apresúrese por medio de sus
obras. Ahora bien, el conocimiento que nos ha sido dado para caminar
en él es el siguiente: 2.
Amarás a Aquel que te creó, temerás al que te formó, glorificarás
al que te redimió de la muerte. Serás sencillo de corazón y rico
de espíritu. No te juntarás con los que andan por el camino de la
muerte, aborrecerás todo lo que no es agradable a Dios, odiarás
toda hipocresía, no abandonarás los mandamientos del Señor.
3.
No te exaltarás a ti mismo, sino que serás humilde en todo. No
te arrogarás a ti mismo la gloria. No tomarás mal consejo contra tu
prójimo. No consentirás a tu alma la temeridad.
4.
No fornicarás, no cometerás adulterio, no corromperas a los
jóvenes. Cuando hables la Palabra de Dios, que no salga de tu boca
cón la impureza de algunos. No mirarás la persona para reprender a
cualquiera de su pecado. Serás manso, serás tranquilo, serás
temeroso de las palabras que has oído. No le guardarás rencor a tu
hermano.
5.
No vacilarás sobre si será o no será. No tomes en vano el
nombre de Dios. Amarás a tu prójimo más que a tu propia vida.
No matarás a tu hijo en el seno de la madre ni, una vez nacido, le
quitarás la vida. No levantes tu mano de tu hijo o de tu hija, sino
que, desde su juventud, les enseñarás el temor del Señor.
6.
No serás codicioso de los bienes de tu prójimo, no serás avaro.
Tampoco te juntarás de buena gana con los altivos, sino que tu trato
será con los humildes y justos. Los acontecimientos que te
sucedieren los aceptarás como bienes, sabiendo que sin la
disposición de Dios nada sucede.
7.
No serás doble ni de intención ni de lengua. Te someterás a tus
amos, como a imagen de Dios, con reverencia y temor. No mandes con
acritud a tu esclavo o a tu esclava, que esperan en el mismo Dios que
tú, no sea que dejen de temer al que es Dios de unos y otros; porque
no vino Él a llamar conforme a la persona, sino aquellos para
quienes preparó su espíritu.
8.
Comunicarás en todas las cosas con tu prójimo, y no dirás que las
cosas son tuyas propias, pues si en lo imperecedero sois partícipes
en común, ¡cuánto más en lo perecedero! No serás precipitado en
el hablar, pues red de muerte es la boca. En cuanto puedas, guardarás
la castidad de tu alma.
9.
No seas de los que extienden la mano para recibir y la encogen para
dar. Amarás como a la niña de tus ojos a todo el que te
habla del Señor.
10.
Te acordarás, de noche y día, del día del juicio, y buscarás cada
día las personas de los santos. Ya en el ministerio de la palabra, y
caminando para consolar y meditando para salvar un alma por la
palabra, ya ocupado en oficio manual, trabajarás para rescate de tus
pecados.
11.
No vacilarás en dar, ni cuando des murmurarás, sino que conocerás
quien es el buen pagador de tu galardón. Guardarás lo que
recibiste, sin añadir ni quitar cosa. Aborrecerás hasta el
cabo al malvado. Juzgarás con justicia.
12.
No formarás bandos, sino que guardarás la paz, tratando (le
reconciliar a los que luchan. Confesarás tus pecados. No te
acercarás a la oración con conciencia mala.
Este
es el camino de la luz.
El
camino del "Negro"
XX
1.
Mas el camino del "Negro" es torcido y lleno de maldición,
pues es camino de muerte eterna con castigo, en que están las cosas
que pierden el alma de quienes lo siguen: idolatría, temeridad,
altivez de poder, hipocresía, doblez de corazón, adulterio,
asesinato, robo, soberbia, transgresión, engaño, maldad,
arrogancia, hechicería, magia, avaricia, falta de temor de Dios.
2.
Perseguidores de los buenos, aborrecedores de la verdad, amadores
de la mentira, desconocedores de la recompensa de la justicia, que
no sc adhieren al bien ni al juicio justo, que no atienden a la
viuda y al huérfano, que valen no para el temor de Dios, si no para
el mal, de quienes está lejos y remota la mansedumbre y la
paciencia, que aman la vanidad, que persiguen la recompensa, que
no se compadecen del menesteroso, que no sufren con el atribulado,
prontos a la maledicencia, desconocedores de Aquel que los creó,
matadores de sus hijos por el aborto, destructores de la obra de
Dios, que echan de sí al necesitado, que sobreatribulan al
atribulado, abogados de los ricos, jueces inicuos de los pobres,
pecadores en todo.
Exhotación
final: proximidad del fin de las cosas
XXI
1.
Bueno es, por ende, que, aprendido que hayamos cuantas
justificaciones del Señor quedan escritas, caminemos en ellas.
Porque quien éstas cumpliere será giorificado en el reino de Dios;
mas quien escogiere lo otro, perecerá con sus obras. De ahí la
resurrección, de ahí la recompensa. 2.
Si tomáis de mí algún consejo de buena sentencia, yo suplico a los
preeminentes: Tened entre vosotros a quienes hagáis el bien. No lo
omitáis. 3.
Cerca está el día en que todo perecerá juntamente con el maligno.
Cerca
está el Señor y su galardón.
4.
Una y otra vez os lo ruego: Sed buenos legisladores de vosotros
mismos, sed unos de otros consejeros fieles, arrancad de entre
vosotros toda hipocresía. 5. Y Dios, que señorea todo el
universo, os conceda sabiduría, inteligencia, ciencia, conocimiento
de sus justificaciones y paciencia.
6.
Haceos discípulos de Dios, inquiriendo qué busca el Señor de
vosotros, y obrad de manera que seáis hallados en el día del
juicio. 7. Y si hay algún recuerdo del bien, mientras todo
esto meditáis, acordaos de mí, a fin de que también mi deseo y
vigilia termine en algún bien. Os lo ruego, pidiéndoos gracia.
8.
Mientras está todavía en vosotros el hermoso vaso, no
desfallezcáis para ninguno de entre vosotros, sino inquirid
continuamente estas cosas y cumplid todo mandamiento. Porque dignos
son de cumplirse.
9.
Por eso principalmente me apresuré a escribiros sobre lo que yo
alcanzaba, a fin de alegraros.
Salud,
hijos de amor y paz.
El
Señor de la gloria y de toda gracia sea con vuestros espíritus.
Amén.